La lucha contra la pobreza desde otras miradas

sobreviviendo

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Uno de los éxitos más celebrados durante las últimas dos décadas de crecimiento económico es el de haber reducido cuantiosamente la pobreza en el Perú. Toda una serie economistas, así como políticos, restriegan las cifras a cualquiera que ose con poner en entredicho las bases del sistema económico actual. Estudios, tanto del Banco Mundial, FMI y organismos multilaterales, dan cuenta de lo mucho que se ha avanzado en referencia a la reducción de este gravitante problema social en los países en desarrollo. Los números los avalan.

Sin embargo, América Latina sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo; y el Perú sigue presentando todo un abanico de deficiencias sociales, entre las que probablemente sobresalga más el desalentador estado de la educación peruana. Más gráfica aún es la débil aplicación de políticas públicas en relación al tratamiento de enfermedades respiratorias en las zonas del Altiplano. Han muerto 20 niños hasta la fecha.

Lo que se observa es que el gobierno no tiene una visión estudiada de los problemas que busca resolver.

Abhijit Banerjee, profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y experto en temas de pobreza, estima que no hay recetas para resolver este complejo tema; que no todo pasa por aumentar el presupuesto entre las carteras de gobierno y con eso se soluciona todo. El asunto es mucho más espinoso en realidad: “A menos que entendamos cuál es la base del problema, de cada problema, uno por uno, no vamos a poder arreglárnoslas para resolverlos”, señaló al semanario Portafolio Económico.

El economista indio destacó un ejemplo para comprender mejor las dimensiones del problema: pese a la enorme desnutrición de su país, la gente destina el 50% de sus ingresos a los alimentos. Teniendo la oportunidad de tener más adquisiciones de productos alimenticios no lo hacen (eso que en la India el precio de los alimentos son baratos). Esto se debe a que prefieren comprarse “televisores y teléfonos celulares”. Es decir a llevar una vida normal: compran alimentos pero a la vez artefactos que le hagan posible llevar una común y corriente. Ante la explosión de deseos muchas veces creados por los medios publicitarios no queda otra opción que satisfacerlos. Piénsese en el cotidiano caso del niño que pide con insistencia un juguete a su padre. Este no puede decir con espartana resolución: “No, te compraré un plátano. Tarde o temprano me lo agradecerás”. Las cosas no son así de simple y eso muy bien se sabe. Si bien eso afecta en el largo plazo la salud de quien tome esa decisión, la complejidad del asunto ya está demostrada.

¿Cómo solucionar el dilema? En el particular caso de la desnutrición, la aplicación de políticas inteligentes que permitan que la gente consuma productos que los beneficien es una de ellas. Desde la concientización del asunto de la nutrición a la fortificación de vitaminas en los alimentos, basado esto en prácticas científicas. Esto es de gran ayuda para las poblaciones ganadas por el mal de la desnutrición.

El economista da visiones muy particulares sobre el tema de políticas públicas. “Los sistemas bien diseñados son aquellos en los que no tenemos que detenernos a pensar”. En otras palabras, la normalización de la propuesta. O de poner las cosas inteligentemente fáciles. La aplicación de tareas que siguen este ritmo ayudaría mucho en hacer más eficientes los recursos y, las más de las veces, en ahorrarlos.

Esta perspectiva se asemeja mucho a la de los economistas Amartya Sen o Kaushik Baku, quienes en asesoría para el Banco Mundial le han dado otro matiz a este banco en su lucha contra la pobreza. Esta se enmarcaría, como lo dijo el economista peruano Efraín Gonzales de Olarte en un reciente artículo, en tres premisas: i) la pobreza es multidimensional y tiene aspectos cuantitativos y cualitativos, ii) se deben incorporar a los pobres en el pensamiento y accionar de las políticas y iii) la pregunta fundamental: “¿qué pueden hacer los pobres por ellos mismos?”.

Cabe mencionar la premisa que guía al presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim: “la opción preferencial por los pobres”. Este es el principio que rige, a su vez, a la  Teología de la Liberación del Padre Gutiérrez. Kim, médico y antropólogo, trabajó durante los 90 en programas de la erradicación de la tuberculosis en los aa.hh. limeños y en su última visita fue recibido efusivamente por los vecinos de los barrios pobres de Carabayllo. Esta serie de factores hacen del Banco Mundial una oveja negra entre las entidades financieras que en la actualidad son duramente criticadas.

Vía: El Comercio, cincodias.com, Día_1

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