La Pyme familiar: ¿Un negocio de por vida?

En América Latina, 9 de cada 10 empresas Pymes son familiares y 2 de cada 3 fracasan. ¿Sabemos por qué fracasan y qué podemos hacer para lograr su permanencia?

Entendemos por Pyme familiar aquel negocio cuya propiedad pertenece -en su totalidad o en su mayoría-, a miembros de una sola familia. Es importante señalar que en este tema, el concepto “familiar” se extiende más allá de la consanguinidad y se aplica también a los cónyuges. 

La empresa Pyme familiar se caracteriza porque sus miembros trabajan en equipo y tienen lazos fuertes. Este tipo de negocios, suele endeudarse menos que los que no son familiares; generalmente cuentan con gran liquidez (incluso al grado de sobre capitalizarse y mantener dinero en “stand by”).

Es menos burocrática a la hora de tomar decisiones, más flexible, adaptándose de forma más rápida a los cambios del entorno. Los miembros de una empresa familiar suelen resolver sus problemas internamente y sólo en contadas ocasiones recurren a la asesoría externa formal.

Los integrantes de las familias se “ponen la camiseta” y adoptan una visión de largo plazo durante el arranque del negocio; sacrifican algunas comodidades durante los inicios, con la esperanza de obtener ganancias. De esta forma, la empresa puede capitalizarse y los recursos se reinvierten logrando crecimientos.

La lealtad, el compromiso y la dedicación al negocio son mucho más profundos y están más arraigados en la Pyme familiar que en la empresa tradicional. Esta realidad, por sí sola, debería darle a este tipo de negocios un éxito rotundo y desde luego, permanencia. Sin embargo, hoy por hoy, no es así.

Si la empresa familiar cuenta con tantos atributos positivos, ¿por qué tan sólo 1 de cada 3 empresas Pymes logran pasar exitosamente a la siguiente generación.

Factores de fracaso en una empresa familiar

-Falta de planeación formal a largo plazo con estrategias y objetivos claramente definidos.

-Resistencia al cambio, los padres suelen resistirse a aceptar los cuestionamientos que los hijos realizan y los hijos por  su parte se sienten coartados al no poder llevar a cabo sus ideas o aportar su creatividad.

-Solidaridad, la delegación de autoridad, suele centralizarse en una persona, en vez de capacitar y entrenar al sucesor mediante una correcta delegación.

-Mezcla de roles familiares y profesionales, frecuentemente se trasladan los roles familiares al ámbito profesional, cerrando así la posibilidad de conocer a los miembros de la familia desde otro ángulo.

-Control inapropiado, en aras de conservar el control total de la empresa, todos los puestos de trascendencia son ocupados por miembros de la familia, aún y cuando éstos no estén del todo capacitados para ejercerlos.

-Toma de decisiones inapropiadas, las decisiones generalmente, son emocionales, más que racionales, tienen poco sustento financiero, contable y carecen de conocimiento del mercado.

-Carencias administrativas, en las Pymes, la falta de sistemas administrativos    estandarizados, de personal capacitado y una asignación ineficaz de los recursos, coadyuvan a su fracaso.

-Ante todo esto surge una buena noticia: existen en el mundo, organizaciones familiares con más de 200 años de vida. Esto significa que es posible lograr la permanencia de la empresa familiar, recordando que las familias son dinámicas y están en continuo crecimiento, lo mismo sucede con las empresas: las necesidades de ambas, van cambiando lo mismo que su entorno.

Ahora sabemos que para que una empresa Pyme familiar sea competitiva y logre permanecer en las manos de las siguientes generaciones, es necesario profesionalizarla pero sin dejar a un lado las ventajas que nos ofrece el que sea de tipo familiar.

*Asesoría Capyme Zona Norte – Argentina

Fuente: El Debate

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