¿Quién fue el creador de los Premios Nobel?

Todos los años vivimos pendientes de quienes serán los elegidos para ganar el codiciado Premio Nobel en sus diferentes categorías. Tal es el impacto generado en el mundo por este premio, que muchas casa de apuestas llegan a mover millones de dólares para dar con los ganadores del año en curso. ¿Pero cuántos de nosotros conocemos sobre la vida de Alfred Nobel, el creador de los populares premios Nobel? Este artículo recoge partes de la vida del creador de este emblemático galardón.

Alfred Nobel y una tradición que seguir

Nacido en Estocolmo, Suecia, en 1833, Alfred Nobel nació en la cuna de una próspera familia sueca. Sin embargo, como todo no puede ser felicidad en la vida, el mismo año que Alfred nació, el negocio de Immanuel Nobel, padre de Alfred, se fue a la quiebra. Motivo suficiente como para que Immanuel tomara sus maletas y se dirigiera con su esposa e hijos a la lejana Rusia.

Gracias a sus conocimientos sobre explosivos, Immanuel Nobel renació económicamente al servicio del zar de Rusia. Esto le permitió a Alfred recibir una enseñanza personalizada durante su adolescencia. A los 17 años, Alfred contaba con enormes conocimientos en el campo de las ciencias, el arte y dominaba hasta 4 idiomas: sueco, ruso, alemán, inglés y francés.

Sin embargo, el joven Alfred demostraba una faz artística expresada en algunos poemas que aún perduran hasta la actualidad. Immanuel, temeroso que su hijo siguiera el camino de las letras, envió a Alfred al extranjero para que recorriera diferentes laboratorios y se convirtiera en un experto ingeniero químico. La presión familiar venció a la vocación del joven Alfred y éste comenzó su andar científico.

El camino de la invención

Nobel no fue cualquier inventor. De hecho, se han registrado hasta 355 patentes de este inventor sueco. La más famosa de sus invenciones fue la dinamita. ¿Cuál fue el camino que siguió Nobel para alcanzar este invento?

Durante su paso por Francia conoció a Antonio Sobrero, el creador de la nitroglicerina (la mezcla de glicerina con los ácidos sulfúrico y nítrico). Interesado en esta sustancia, Alfred motivó a su padre y a sus hermanos a trabajar con él en una sustancia que superara los poderes destructivos de la nitroglicerina. En el camino, su hermano Emil y algunos de sus trabajadores fallecieron luego que la inestable nitroglicerina explotara en uno de sus talleres.

Había un reto que vencer. La nitroglicerina en su estado líquido había demostrado ser demasiado inestable. Existía la necesidad de encontrar la forma de que la nitroglicerina se volviera más estable y que no perdiera su capacidad explosiva. Una serie de experimentos lo llevó hasta la diatomea en polvo, sustancia que convertía la nitroglicerina líquida en una pasta de color semioscura. Fue también Nobel quien creó los clásicos tubos rojos de la dinamita para contener la nitroglicerina pastosa.

Un legado para reparar su mejor invención

El invento de Nobel fue un éxito. La dinamita revolucionó el mundo de la construcción… y de la guerra. Algo que nunca fue la intención del buen Alfred. Para paliar las consecuencias de su invento, Nobel decidió incluir en su testamento que se instituyeran unos premios en su nombre para recordar a los hombres y mujeres que dejaban un legado positivo a la humanidad: los premios Nobel.

A continuación, algunas frases de Alfred Nobel durante los últimos años de su vida:

  • “Mi dinamita conducirá a la paz más pronto que mil convenciones mundiales. Tan pronto como los hombres se den cuenta que ejércitos enteros pueden ser destruidos, seguramente pactarán una paz dorada.”
  • “Un solitario sin libros y sin tinta ya está en la vida de un hombre muerto.”
  • “La justicia de Dios es la más ridícula de todas las fábulas.”

Vía: muyinteresante.es / quo.mx

Foto: republica.com.uy

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