Un psicólogo explica por qué la riqueza no te hará feliz como lo habías soñado

La felicidad es un asunto complejo, plagado de diferencias culturales e individuales, pero, entonces, ¿el dinero puede comprar la felicidad?

 

Una investigación conducida por la Universidad de Princeton reveló que si bien el dinero no compra la felicidad, ciertamente ayuda, por lo menos en el caso de aquellos con un sueldo anual de más de 75,000 dólares.

Al respecto, el autor y Premio Nobel de Economía, Angust Deaton enfatiza, no obstante, que no se trata del tipo de felicidad que los hace despertar con alegría en las mañanas, sino un sentido de plenitud, éxito y satisfacción con su vida en general.

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Por su parte, el economista John Wolfers condujo un estudio similar el 2016 para actualizar la información al respecto, donde señala que la gente con mayor riqueza es mucho más feliz que aquellos con menos.

Los países pobres son más infelices que los países ricos. Conforme los países se enriquecen, se hacen mucho más felices. La relación entre ingresos y felicidad es sumamente fuerte. Sin embargo, no sé si es el dinero lo que los hace felices. (…) Tal vez sea la cantidad de oportunidades, la democracia, el respeto a la ley o tener mercados e instituciones políticas y sociales funcionales”, dijo en aquella oportunidad.

Lo cierto es que la felicidad es un asunto complejo, plagado de diferencias culturales e individuales. Principalmente tomando nuestro contexto sociocultural, en el cual se nos ha inculcado que, independientemente de nuestra posición socioeconómica, la felicidad va mucho más allá de nuestra capacidad adquisitiva.

Y, claro; es comprensible que la falta de liquidez para cubrir las necesidades básicas cause un nivel de estrés significativo; sin embargo, también existen varios ejemplos de qué tan variado es el concepto de “necesidad”. Es posible que la felicidad en general tenga más que ver con expectativas y “querer más” que con el sueldo.

Si la felicidad pudiese ser reducida a una cifra, entonces ¿cómo explicar todas esas personas alrededor del mundo con pocos ingresos y niveles altos de felicidad? Nepal, por ejemplo. Es sorprendente lo poco que posee la población en general, y aun así se las arreglan para tener niveles más altos de alegría que muchos de los países de Occidente.

¿El dinero compra la felicidad?

Para Dan Gilbert, psicólogo de la Universidad de Harvard, uno de los principales expertos estudiando la felicidad de manera científica, asegura que el dinero hace más felices a las personas, pero sólo hasta cierto punto.

Sus estudios revelan que para los individuos pobres, tener más dinero se traduce en mayor felicidad, pero a partir de cierta cantidad (que en Estados Unidos es alrededor de 60 mil dólares al año), tener más dinero ya no significa mayor felicidad. Esto es importante porque muchas personas pasan su vida intentando volverse millonarios –cuando ya han logrado tener ingresos suficientes– creyendo que esto los hará finalmente felices.

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Así que para Gilbert, no existe apenas diferencia entre ganar 60 mil dólares o 60 millones. Esto se debe en parte a que las cuatro actividades que más felicidad producen en la vida cotidiana son: tener sexo, hacer ejercicio, escuchar música y charlar. Asimismo, diversos estudios muestran que tener experiencias produce más felicidad que comprar cosas materiales. “Así que si bien el dinero es importante, indudablemente está sobrevalorado en nuestra sociedad”, agrega Gilbert.

En general, el especialista dice que sobrevaloramos la influencia que tienen ciertos eventos como hacerse rico o enfermarse. Por ejemplo, si se gana la lotería, ¿los hará felices para siempre y quedarse ciego los hará infelices?

“Ninguna de las dos cosas es cierta. Los seres humanos infravaloran su propia resiliencia: no se dan cuenta de lo fácil que será cambiar su visión del mundo si ocurre algo malo. Constantemente sobredimensionan lo infelices que serán ante la adversidad”, asegura Gilbert.

Quizás incluso más allá de practicar ciertas actividades que producen felicidad en la vida cotidiana, lo que determina la felicidad de un ser humano es lo que Gilbert llama un sistema inmune psicológico, que es la capacidad de enfrentar la adversidad con resiliencia y mantener una actitud positiva general.

Así que este sistema inmune psicológico es en parte algo genético o innato, pero al igual que el sistema inmune físico, puede cultivarse y fortalecerse.

Vía: pijamasurf.com

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