Roman Abramovich, de comerciante de patos de goma a dueño del Chelsea

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Los titulares de los diarios deportivos siempre están a la carga. Un día nos revelan cuánto le paga por año Barcelona a Lionel Messi, otro día lo que cobra Cristiano Ronaldo en Real Madrid, y hasta el incremento de ingresos de Wayne Rooney en Manchester United.

Quizás las cifras que ganen los futbolistas más cotizados del planeta nos suenen astronómicas, pero más astronómicas son las fortunas de quienes contratan a estos deportistas.

Hablamos de los dueños de los clubes de fútbol, y en especial de uno, el ruso Roman Abramovich, quien convirtió un pequeño club de fútbol inglés en uno de los grandes de Europa.

El huérfano que lo consiguió todo

Abramovich nació en 1966 en el poblado de Saratov, ubicado a las orillas del río Volga. Apenas a los 4 años, el infortunio cayó sobre el futuro multimillonario, pues sus dos padres fallecieron. Se hizo cargo de él su tío paterno, el cual lo llevó hasta Comi, un poblado siberiano, debido a que en ese lugar él se desempeñaba como ingeniero petrolero.

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Aún en plena época soviética, Roman decidió que lo suyo era lo que había aprendido gracias a su tío: el petróleo. Así que viajó a Moscú para estudiar en el Instituto de Petróleo y Gas Gubkin. Sin embargo, la experiencia en el instituto le enseñó a Roman que el camino seguido por su tío no era el que pretendía para su vida.

Él anhelaba ser empresario. Pero con escaso capital era poco lo que podía hacer. Así que empezó desde abajo. Su primer emprendimiento se centró en la venta de patitos de goma, ello gracias a una sugerencia de sus suegros.

La curiosidad pudo más en el joven Roman. Paso por diferentes sectores e industrias: granja de cerdos, vigilancia particular, neumáticos, muñecas y un sinfín de negocios más. Abramovich cosechó mucho dinero con estos negocios, pero estaba lejos de convertirse en multimillonario. Hasta que conoció a su mentor y socio Boris Berezovsky.

Abramovich, empresario e inversionista

Berezovsky le enseñó que para hacer dinero en grande no todo tiene que centrarse en ser dueño de negocios, sino también, en ser inversionista. De la mano de Berezovsky, Abramovich creó su primera empresa fuera de Rusia, Runicom, con registro en Suiza. Pero, el gran golpe se dio cuando la sociedad consiguió hacerse de la propiedad de una empresa petrolera rusa por tan solo $ 110 millones, la mayor parte aportada por Berezovsky.

El valor real de dicha empresa era mucho mayor, sino que las viejas mañas del mentor de Roman consiguieron que el entonces presidente de la Unión Soviética, Boris Yeltsin, vendiera esa vieja empresa a precio de regalo.

De ahí en adelante, todo para Roman fue inversiones. De la mano de su compañía inversora Millhouse adquirió acciones de empresas petroleras, metalúrgicas, medios de comunicación y aeronáuticas.  Y, por supuesto, un club de fútbol, el Chelsea inglés, que cuando Roman lo adquirió con apenas 36 años de edad, poseía una deuda de $ 115 millones.

Abramovich no solo logró sanear al club, sino que invirtió más del doble del valor de la deuda para poner en la cúspide al conjunto londinense en Europa. Algunos creen que si Roman lo hubiera deseado, podría haberse convertido en el dueño de Real Madrid, Juventus, Milán, Bayern Múnich y Barcelona. Ojo, no dueño de un solo club, sino de todos ellos. Después de todo, Abramovich es el verdadero rico del fútbol.

Vía: clarín.com / apertura.com
Foto: zimbio.com

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