El valor y fuerza de la Palabra

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Decir algo es muy potente, pero más potente también puede ser el no decirlo. Porque el silencio también tiene palabras, pero son palabras guardadas, elegidas, que esperan pacientes el momento de ser reveladas.

Te doy mi palabra es un acto de entrega, de amor, de confianza, es más que una expresión es un compromiso de vida, es un acto de fe.

La palabra salva o condena, comunica ideas y sentimientos, enlaza a seres humanos con sus semejantes, o los separa. Porque cuando todo perdió valor la palabra puede rescatarnos.

Hay palabras que dan la vida y otras que nos matan. Nuestras palabras nos definen como hombres y como mujeres; nuestra forma de decirlas, nuestra manera de usarlas, nos delata como individuo o grupo, son una pieza importante de nuestra oralidad.

Desde los tiempos de Cristo, por citar un ejemplo fundamentado en la promesas de Dios, se dice, “así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”, “cielo y tierra  pasaran más su palabra no pasara”, se indica en las escrituras de la Biblia.

Entrando en el aspecto publicitario urge una defensa del lenguaje y la creación de una normativa para que los anuncios se ajusten a una corrección idiomática y que, el mensaje publicitario, se ajuste a una norma que sirva de pauta y de modelo para todos aquellos que elaboran las campañas de publicidad. Así se conseguirá un buen patrón del uso del idioma y la actividad publicitaria servirá de escuela de buen hacer y de buen hablar.

A continuación un video muy sensible que demuestra que el uso de una palabra bien puesta o bien dicha nos puede dar un giro a nuestra situación o en otro contexto de publicidad favorecer una venta.

Emprendedor sus palabras es su producto y valor de intercambio.

¿Crees en la fuerza de las palabras?

 

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