Empresas: Entrar con el pie derecho al negocio familiar

Por lo general, hoy en día, aceptar un puesto de trabajo en una empresa familiar cuando no se forma parte de ese clan implica que tendrá que asumir toda una serie de peculiaridades que en otro tipo de organización no se dan.

Por ejemplo, la creencia popular que dice que los directivos externos tienen un techo profesional que no pueden sobrepasar, que los puestos cruciales son para los familiares y que resulta difícil dirigir la compañía hacia el crecimiento sin contrariar a algunos de los fundadores o descendientes. También se dice que en el modelo de gestión de quien no es de la familia siempre acabará por interferir algún pariente.

Por ello, convertirse en el outsider, como lo denominan los expertos, también tiene su lado bueno. Este tipo de organizaciones son más ágiles y flexibles. Aunque no es fácil incorporarse a ellas cuando sólo se ha tenido experiencia en compañías no familiares, también es cierto que la garantía que ofrece una empresa familiar a un directivo que quiera crecer (en el caso de que no tengan un sucesor claro) es muy importante.

El ejecutivo debe realizar un profundo estudio de la historia de la firma y de la cultura corporativa, pero también de la familia, todo esto antes de dar el sí a una oferta laboral en una empresa familiar. El directivo tiene que tener en cuenta que los principales problemas con los que se va a enfrentar dependen en gran medida de si su incorporación ha supuesto una novedad en el entorno de la firma, o si previamente ya ha habido profesionales externos.

La actitud con la que llega a la compañía determinará su adaptación y permanencia en la empresa. Los profesionales externos ayudan a incrementar el nivel de capacidades internas y las competencias de los colaboradores. Aportan saber hacer y nuevos valores, siempre que éstos sean compatibles con los de la familia.

Por tanto, el outsider tiene que ser consciente de que a su labor de dirección debe sumar la responsabilidad de apoyar y complementar al fundador, aconsejar a la familia propietaria, dar soporte a la incorporación de las siguientes generaciones y, sobre todo, continuidad al modelo de negocio y a sus valores.

Fuente: Expansión

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