Las 4 edades por las que transitan los negocios – Parte I

Así como las personas de carne y hueso, los negocios también pasan por fases de crecimiento. Solo que a diferencia de las personas, los negocios pueden quedarse estancados en una edad durante toda la vida. ¿Por qué ocurre esto? Porque la edad del negocio guarda correspondencia directa con la forma como administre el dueño o los dueños dicho negocio. He ahí el quid del asunto. En términos prácticos hemos identificado 4 grandes edades en un negocio: la infancia, la adolescencia, la juventud y la madurez. En este primer artículo nos centraremos en las dos edades iniciales.

Primera edad: La infancia

Un negocio está en la infancia cuando depende exclusivamente del dueño. Es decir, el dueño se convierte en operario, técnico especializado, gerente de ventas, contable y especialista en marketing de su propia empresa. El día que se enferma el dueño, sencillamente el negocio no entra en operaciones.

Hay emprendedores que se sienten plenos cuando su negocio se encuentra en esta fase. No tienen que responder a nadie, trabajan cuando quieren y hacen lo que se les viene en gana. Sin embargo, si cuentan con un poco de talento o pericia en lo que hacen, comienzan a ganar clientes y a perderlos de a pocos. ¿Por qué? Porque una sola persona no se da abasto para todas las funciones mencionadas cuando la clientela aumenta. Por lo general, el emprendedor toma la decisión más sencilla: decide trabajar más horas por día.

Hay negocios que se quedan perpetuamente estancados en esta fase. Los emprendedores que manejan estos negocios les importa poco o nada la reputación de su marca. Los clientes llegan y se van como las olas en el mar. Hay algunos que optan por contratar gente sin experiencia, quienes al final, terminan siendo las extensiones del dueño en lugar de un aporte extra a la organización. En cambio, hay otros que se percatan que si siguen en la misma situación se quedarán estancados y optan por contratar a gente con experiencia en las tareas que ellos menos dominan. Es ahí cuando su negocio ingresa a una nueva edad.

Segunda edad: La adolescencia

En esta fase el negocio ya no lo administra el dueño únicamente. Cuenta con uno o más profesionales especialistas en sus rubros (contabilidad, marketing, legal, operaciones, etc.) que se han convertido en sus aliados para el crecimiento del negocio.

Al inicio de esta edad, el emprendedor se siente nuevamente feliz como cuando inició su negocio. Ya no tiene que pasarse más de 12 horas al día en el negocio, tiene gente confiable que maneja las diversas áreas de su empresa, y por fin  puede dedicarse a lo que más le gusta hacer y ya no a sacar cuentas o redactar aburridos oficios. Sin embargo, aunque él se autodenomine como administrador o gerente general de su negocio, en realidad no lo hace. Porque delegar no es administrar, delegar es tan solo una pequeña parte del trabajo que involucra gerenciar un negocio.

Cuando el emprendedor piensa que la situación va viento en popa, es cuando aparecen los problemas. Aparece un proveedor quejándose de que no le pagan desde hace varios meses por sus servicios prestados. Aparecen clientes insatisfechos por los productos. Los números no cuadran con lo que el emprendedor vislumbraba en su mente. Pecó de exceso de confianza. Y nuevamente se enfrenta a una terrible disyuntiva: o deja todo tal como está o realiza una reingeniería en su negocio para pasar a una siguiente fase.

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