El hombre que dejó un trabajo de ensueño por la caridad

Era un fin de semana como tantos otros para Scott Harrison. Podía decir con orgullo que tenía el mejor trabajo del mundo. Harrison iba cada fin de semana a las discotecas a promocionar diversas bebidas en esos locales, y era muy bien pagado. No solo le satisfacía el dinero contante y sonante, sino que podía disfrutar de fines de semana interminables, en los que los tragos y las chicas nunca faltaban. Pero, un viaje lo cambió todo.

De Uruguay a Liberia, y de ahí a encontrar su propósito en la vida

Llegó el fin de año del 2004 y Harrison consiguió un paquete muy ventajoso para viajar a Uruguay. Luego de unos días fuera de su Nueva York de toda la vida, se percató que si bien su vida era envidiada por sus amigos, no era la que él pretendía vivir. Algo debía hacer con su vida, pero ahora. Así que regresó a Nueva York, y lejos de volver a las discotecas, buscó una organización humanitaria que le permitiera visitar los lugares de mayor pobreza en África. Liberia fue el país elegido.

Su función en Liberia era muy sencilla. Iba como periodista gráfico, y tenía que reportar todas las cosas interesantes que encontrara en dicho país. Sin embargo, Liberia no era ni remotamente el paraíso. En su extenso recorrido por el país, que duró casi 2 años, Harrison se percató de las profundas carencias en las que vivían los liberianos. Quedó severamente impactado cuando vio que los niños liberianos bebían agua de lugares insalubres. Los médicos extranjeros residentes en Liberia combatían con escaso éxito las enfermedades infectocontagiosas. Sin agua de por medio, es poco lo que se puede hacer.

Comenzar de nuevo

Harrison regresó a los Estados Unidos dispuesto a cambiar la situación de las personas pobres del mundo. Así que decidió vender todas sus posesiones para dar forma a su idea de caridad. Sabía que esas 750 millones de personas que no tenían acceso a agua potable en el mundo valían el esfuerzo. Y ese esfuerzo se materializó en una propuesta humanitaria, Caridad: Agua.

Caridad: Agua, una propuesta diferente

Harrison no quería hacer lo mismo que otras organizaciones humanitarias. En lugar de trasladar gente a los países más desfavorecidos, a través de Google Earth contactó a diversas personas de esas lejanas comunidades para que se conviertan en embajadores de su propuesta. Ellos se encargarían del correcto uso de las donaciones, y rendirían cuenta de ellas.

Para promover su propuesta de caridad, Harrison recurrió a sus viejos amigos, los dueños de las discotecas de Nueva York. ¿Cuál fue el trato? Los dueños de las discotecas iban a ofrecer barra libre por un día a sus clientes, y ellos en compensación iban a donar 20 dólares a la causa de Harrison. ¡Impresionante! En una sola noche, Harrison logró recaudar 15.000 dólares, que fueron inmediatamente enviados a un campo de refugiados en Uganda.

8 años después de su creación, Caridad: Agua es todo un éxito. Sus más de 700.000 aportantes y 170 millones de dólares en apoyo lo confirman. Y Harrison está feliz. Gracias a su idea, 5 millones de personas alrededor del mundo pueden beber y hacer uso de agua potable. ¿Y el mundo de las discotecas? Quedó en el olvido para Harrison, hoy todo es filantropía en su vida.

Vía: inc.com

Foto: elcomercio.pe

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