Emprendedores que entregan demasiado a su negocio

Ejecutivos

El balance entre la vida profesional y personal es una prioridad para la mayoría de los profesionales. Sin embargo, algunos emprendedores han alcanzado el éxito haciendo exactamente lo contrario.

Esos emprendedores no conocen de balance y siempre están “en todo”. Sin importar si es de día o de noche, entre semana o fin de semana. Es la diferencia de enfocar toda una empresa desde un solo punto de vista.

Varios emprendedores se “saltan” comidas, reuniones y hasta horas de sueño con tal de conseguir materializar sus proyectos.

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Tomas Edison tenía un pequeño catre junto a su escritorio, para tomar pequeñas siestas y poder volver al trabajo inmediatamente. En el caso de Bill Gates y de Mark Zockerberg, ambos dejaron sus estudios en la Universidad de Harvard para centrarse en sus proyectos empresariales. La decisión más “balanceada” para ambos hubiese consistido en perseguir sus proyectos tras su graduación, pero no lo hicieron. Más bien lo hicieron a la manera del emprendedor.

Desde luego, no se trata de inducir a los emprendedores a olvidarse de aspectos importantes de la vida, como la familia, los amigos o los hobbies, pero lo importante es saber priorizar las actividades importantes, centrarse en hacerlas y deshacerse de las demás.

Si pensamos en las horas que desperdiciamos en reuniones intrascendentes, viendo televisión y otras actividades triviales podemos ser mucho más productivos como emprendedores. De hecho, éstos a veces sacrifican algunas de esas trivialidades para dedicar más tiempo a los proyectos que verdaderamente les apasionan.

Invasión de tiempo. Algunos expertos recomiendan encontrar “rituales de separación” entre la vida personal y la profesional. Éstos consisten en realizar una acción cotiana, significativa, cada vez que se culmina la jornada laboral y se comienza a disfrutar de la vida privada. Por ejemplo, llamar a casa para avisar que está en camino o cerrar todas las carpetas y archivos con los que se ha estado trabajando.

Los rituales deben ser significativos para la persona y realizarse de forma cotidiana al concluir la actividad laboral. De esta manera, el cerebro interpreta que ha concluido la vida laboral y comenzado la privada.

Fuente: Alto Nivel

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