Empresas familiares: Se recurre a un profesional externo

La decisión de contratar a un profesional ajeno al clan familiar no es una medida improvisada. En la mayoría de los casos, cuando se lleva a cabo es porque se han agotado la vías internas posibles. El motivo es la necesidad de tener una persona que aporte objetividad y parcialidad en la toma de decisiones.

Para que la incorporación sea productiva, hay que remodelar y desarrollar ciertas estructuras de gobierno y de relación entre los miembros de la familia. Si bien, cuando los fundadores del negocio aún están en la directiva, la contratación de profesionales externos suele ser poco común y se da en casos en que la segunda generación no está muy implicada en la gestión de un legado al que hay que darle continuidad.

Sin embargo, cuando los herederos son los que dirigen la compañía, el ejecutivo no familiar es uno de los mejores recursos para la gestión profesional del negocio, aunque en ocasiones suele actuar de puente entre dos generaciones de empresarios familiares que, por diversas razones, no han podido hacer una transición directa de la dirección. 

En terceras generaciones, la presencia de externos es una necesidad, e incluso una exigencia del crecimiento, y participan tanto en la gestión como en el gobierno. Los errores más comunes:

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1. Antes de su entrada en la firma, el ‘outsider’ suele pecar de no clarificar cuál va a ser su misión concreta en la compañía.

2. Asumir en su proceso de convivencia, sobre todo con el máximo ejecutivo, un rol que no le corresponde. El líder es quien le ha contratado, no él.

3. Pensar en el dinero como si fuera suyo. Aumentar la lista de gastos y realizar contrataciones (nuevos fichajes, profesionales externos, etcétera) sin el consenso y permiso de los propietarios. Esto provoca que su labor sea cuestionada por el clan familiar.

Fuente: Expansión

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